Juan Manuel Perez
Para millones de fans del anime en Latinoamérica, el nombre de Mario Castañeda es sinónimo de Goku. Su voz no solo acompañó las aventuras del Saiyajin más famoso del mundo, sino que también se convirtió en parte de la infancia y adolescencia de toda una generación. Pero detrás del legendario grito de “¡Kamehameha!” hay una carrera extensa, versátil y profundamente respetada en el mundo del doblaje.
Nacido en Irapuato, México, el 29 de junio de 1962, Mario comenzó su carrera en el doblaje a inicios de los años 80, después de estudiar actuación en el Instituto Andrés Soler. Su primer protagónico fue como Kanon en Los Centuriones, pero no fue hasta la llegada de Dragon Ball Z en los años 90 que su voz se volvió inmortal.
La elección de Castañeda como Goku adulto fue un acierto que definió el doblaje de anime en español. Su tono cálido, su capacidad emocional y su energía lograron un equilibrio perfecto entre la bondad del personaje y su fuerza como guerrero. Su interpretación marcó tanto al público que, incluso décadas después, muchos consideran su voz como la definitiva del personaje, incluso por encima de la original japonesa.
Pero el legado de Mario Castañeda no se limita a Goku. También le dio vida a personajes como Bruce Willis en la mayoría de sus películas, Jim Carrey en The Mask, Ace Ventura y The Truman Show, y a voces memorables en series como Naruto, One Piece y Bleach. Su habilidad para adaptarse a diferentes estilos lo convirtió en uno de los dobladores más versátiles de habla hispana.
Además de su trabajo frente al micrófono, Mario también ha dirigido doblaje y dado conferencias, talleres y charlas en convenciones por toda Latinoamérica. Siempre cercano a los fans, con una actitud humilde y cálida, se ha transformado en un verdadero ícono de la cultura otaku regional.
Hoy, Mario Castañeda sigue activo, trabajando en nuevos proyectos y celebrando más de 40 años de carrera. Su legado no es solo la voz de Goku, sino la conexión emocional que generó con generaciones enteras de fans del anime y del cine. Porque cuando escuchamos su voz, no solo oímos un personaje: escuchamos una parte de nuestra historia.