Juan Manuel Perez
Aunque el anime suele asociarse principalmente con escenarios japoneses o fantásticos, en los últimos años distintas producciones comenzaron a mirar más allá de Asia y a incorporar referencias reales de otras regiones del mundo. Perú, con su historia milenaria, su geografía diversa y su fuerte identidad cultural, no pasó desapercibido para algunos creadores japoneses, que encontraron en el país una fuente de inspiración visual y simbólica.
Uno de los ejemplos más conocidos es la aparición de Machu Picchu y otros paisajes andinos como referencia estética en series y películas animadas. Montañas escarpadas, ciudades de piedra, templos antiguos y pueblos elevados sobre la naturaleza suelen evocar directamente al mundo andino, incluso cuando el nombre “Perú” no se menciona de forma explícita. En muchos casos, estas representaciones se integran a universos ficticios, reinterpretando elementos reales para adaptarlos a la narrativa del anime.
Estas apariciones, aunque esporádicas, tienen un impacto significativo. No solo despiertan curiosidad en audiencias internacionales, sino que también generan un fuerte orgullo entre los fans peruanos, que se ven reflejados —aunque sea indirectamente— en una industria global. El anime, una vez más, demuestra su capacidad para cruzar fronteras y dialogar con culturas diversas, incorporando al Perú como parte de su universo narrativo.